Brecha salarial de género

Luis Ángeles Ángeles

*Dr. en Economía, articulista, conferencista.

La diferencia de retribución por trabajo igual entre mujeres y hombres se conoce como brecha salarial. En México alcanza 16% en el sector formal y 20% en el informal, donde se concentra gran parte de actividades como la agricultura, el comercio ambulante y la construcción.

Esta diferencia implica que una mujer tendría que trabajar casi dos meses más al año para igualar el ingreso promedio de un hombre. En la Ciudad de México, mientras un hombre gana en promedio $10,833 al mes, una mujer percibe $9,007; si el salario masculino fuera de $100, el femenino sería de $84.

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, México ocupa el lugar 119 de 146 países en materia de brecha salarial, siendo uno de los peores posicionados de América Latina. Según el IMCO, esta diferencia apenas se ha reducido 0.4% en los últimos 20 años, por lo que, al ritmo actual, tomaría siglos alcanzar la igualdad.

El acceso de las mujeres a puestos directivos en México oscila entre 10 y 15%. Esta desigualdad no responde a una falta de capacidades, sino a la persistente subvaloración de su trabajo y a barreras estructurales que limitan su desarrollo profesional.

Además, la mujer mexicana dedica en promedio 35 horas semanales al empleo remunerado y 42 al trabajo de cuidados no remunerado. La maternidad suele dificultar su permanencia y crecimiento en el mercado laboral. Como consecuencia, acumula menores ingresos, ahorro y seguridad social, lo que se traduce en una brecha cercana al 36% en las pensiones y una mayor vulnerabilidad económica durante la vejez.

Cerrar esta brecha requiere políticas públicas efectivas, transparencia salarial, incentivos para la contratación femenina y el cumplimiento de la legislación laboral. Asimismo, es indispensable fortalecer el liderazgo de las mujeres, combatir la discriminación y construir un Sistema Nacional de Cuidados que permita competir en igualdad de condiciones.

La brecha salarial es una injusticia y una deuda social. Reducirla significa combatir la pobreza, aprovechar el talento disponible y generar mayor bienestar para las familias. Cuando las mujeres reciben la misma remuneración por el mismo trabajo, gana toda la sociedad.